Los depredadores de la web
March 23rd, 2004Quiénes son y cómo logran hacer una Internet cada día peor
El desembarco fue rápido. No había ancla que levantar o cañones que cargar. Las armas eran trajes, maletines y millones de CDs prometiendo una Internet mas fácil. Lo que nunca nos avisaron al abordar era que, además, el ciberespacio se volvería mas estúpido.
La tragedia de los comunes
Antes de que los mercachifles inflaran el globo de las punto com, la web rebosaba de creatividad y entusiasmo. Para la gente que se sumaba día a día a la red, esta explosión era el motivo para conectarse. Para las empresas cobrando por la conexión, era la fuente última de sus ganancias. Un magnífico recurso renovable para ser levantado en pala, para regocijo de todos y, en especial, de quien cobrara por las palas.
En 1968, Garrett Hardin enunció “la tragedia de los comunes”, un simple modelo matemático que demuestra que allí donde se pueda explotar un recurso sin tener que asumir los costos negativos asociados, se tiende inevitablemente a la depredación absoluta. Por ejemplo, en una tierra de pastoreo común, cada pastor se beneficia llevando un animal más a pastar, mientras que el desgaste del suelo es compartido por todos los pastores. En ese escenario, a todos les conviene individualmente llevar más ovejas al campo; ello hace que, en conjunto, conviertan al campo en un páramo.
Cuando un recurso está planteado como un bien común, su conservación depende de la sensibilidad e inteligencia de quienes lo explotan. Lo cual es lo mismo que decir que depende de un milagro, a juzgar por la manera en que se han encarado los recursos naturales no renovables: mientras que en 1904, un Ford T hacía 25 millas con un galón de nafta, el modelo más eficiente de Ford lanzado un siglo después lograba 27.
¿Sueñan las ovejas electrónicas con praderas virtuales?
Durante el año 2000, la multinacional AOL preparó su desembarcó en Argentina haciendo algo que a ninguna otra empresa del sector se le había ocurrido: comenzó a convocar a sitios independientes para integrarlos a su portal de contenidos exclusivos. Entre ellos, www.labondiola.com, que yo dirigía.
Que una empresa de semejante envergadura tuviera intenciones de abonar los pastos virtuales en lugar de simplemente alimentarse de ellos, parecía demasiado bueno para ser cierto. Y efectivamente así fue: en la primer reunión que tuvimos con su representante, quedó claro que no tenían intenciones de invertir un solo peso en el desarrollo de los sitios convocados. La idea era más bien poner cercas, arrancar el pasto de raíz y abonar a los sitios desde arriba de un poste.
La propuesta verbal era alimentar de contenidos a su portal exclusivo, a cambio de “ser parte de AOL” y de “exposición”. Exposición que resultaría de un esfuerzo extra de los sitios asociados sin recibir retribución alguna, y que se daría en un espacio al que sólo podrían acceder los usuarios que hayan pagado a AOL por ello. Si la propuesta verbal puede parecer descarada, ello no es nada comparado con los términos del contato, que otorgaban a AOL no sólo amplios derechos sobre el trabajo ajeno, sino incluso espacios de publicidad gratuita en los sitios afectados.
Sin embargo, estos aspectos -que hoy pueden hacerse públicos al expirar los términos de confidencialidad implicados- son solamente la mitad de la historia.
Ganando a dos puntas
A la par de basar su modelo de negocios en la explotación de contenidos desarrollados por terceros a su costa y cargo, AOL compró Netscape, el navegador que había impulsado el crecimiento de la web. Prácticamente el único valor que tenía era su marca, pues su código era tan desastroso que requería cortar por lo sano y volver a hacerlo desde cero. En lugar de invertir en esta tarea, AOL tuvo la brillante idea de acogerse al movimiento de código abierto, dejando en manos de la idealista comunidad de programadores el arduo trabajo.
De esta manera, los dos extremos de la web -los contenidos y el software para acceder a ellos- quedaron demarcados como bienes comunes por AOL, la cual pudo entonces dedicarse sin más distracciones a engordar sus activos cobrando por el tránsito entre uno y otro. La magnitud del daño se pone de manifiesto al considerar que esta estrategia ubicó a AOL/Argentina como ejemplo para las demás empresas del sector.
Los páramos virtuales
Pasados cuatro años de la construcción de este escenario, la mayoría de los sitios que se encontraban en la dirección a la que AOL apuntó sus cañones, ya no existían más. Los consumieron los costos de mantenimiento, la desesperanza a seguir adelante para engordar los bolsillos de otros, y el fracaso de los modelos de micropagos.
Los micropagos -la única perspectiva de ingresos sensata, una vez caído el espejismo de los modelos publicitarios- habrían tenido éxito de contar con el apoyo de los proveedores de acceso a Internet. Estos pueden utilizar sus registros de tráfico para elaborar un sistema que resulte transparente a los usuarios y práctico para los sitios, evitando los altos costes de transacción que minaron la base del concepto. Pero si un gigante como AOL no está dispuesto a pagar siquiera por las visitas que sus propios usuarios hacen a los sitios vinculados a su propio portal, queda clara cuál es la dirección en la que se mueve la web: pendiente abajo, y a toda marcha.
A la par de la extinción de los sitios independientes, las políticas de los proveedores de acceso hacen que dos especies vayan ganando terreno: los portales con frivolidades que no le interesan a nadie, y las páginas personales con trivialidades que no le interesan a nadie. En el caso de los portales, se trata de contenidos presentados por los proveedores de acceso, desarrollados por pasantes o empleados por un sueldo miserable, apuntando al mínimo común denominador y similares por ello a la bosta que inunda las pantallas de televisión por la tarde. En el caso de las páginas personales “colgadas” por los usuarios en el espacio ofrecido gratuitamente por los proveedores, su carácter trivial está asegurado al estar limitada la tasa de transferencia; en cuanto estas páginas se vuelvan demasiado interesantes y generen demasiadas visitas, el autor deberá pagar por ello.
Conclusión
Es falso que la gente no quiera pagar por visitar sitios en Internet. Millones de personas pagan todos los meses por hacerlo, sólo que el dinero queda en manos de los proveedores de acceso. Lo que la gente no quiere, es tener que pagar dos veces.
En los últimos años, las estrategias de los proveedores de acceso a Internet les han reportado pingües ganancias, a la vez que condenaron a la extinción a los sitios que las impulsaban.
Los proveedores de acceso siguen manteniendo su política depredatoria, porque no tienen nada que perder. La gente, en cambio, ya tiene miles de sitios menos que valga la pena visitar, y en conjunto, una Internet cada día peor.
Santiago Bustelo
http://www.bustelo.com.ar

santiago, pocas veses lei algo con tanta claridad; para mi, que soy un neofito en esto de la internet, lo suyo es muy bueno… gracias por el desasne y seguire leyendolo siempre y cuando no me cobre, vio
Uf, cuánta razón tienes. Yo empecé a trabajar en internet en el 98, cuando entré en mi empresa actual, 2000, en España estaba la plena efervescencia de las puntcom, y lo cierto es que el modelo de negocio que muchas planteaban es el que describes.
De todos modos, yo sigo pensando en que deberÃan existir -al menos- dos internet separadas: una especÃfica para uso exclusivo institucional, mercantil, empresarial, (ya sabes, canuto enorme, securización a tope, disponibilidad 110% etc), y otra… la internet de siempre, comunidad educativa, académica, ocio… pensada para los internautas privados. Lo malo es que la tentación de entrar en esa internet inocente como un elefante en una cacharrerÃa siempre estará ahÃ… no es fácil, no.
Pero sà que es una auténtica pena lo que han hecho con internet, recuerdo aún cuando yo era madrina del tristemente fallecido Fortunecity (siendo argentino igual hasta conocerás al amigo Abbate)
Saludetes, y me ha encantado el dibujo del “Usaurio”, lo he incorporado en mi blog, con tu permiso.
Silcas