Revolución en el museo
March 13th, 2007El Museo Nacional de Arte Decorativo es la antigua residencia de una familia de gran prosapia, comprada por el Estado y abierta al público para que éste pueda admirar el lujo obsceno con el cual vivían. En una visita, se me ocurrieron un par de mejoras:
La primera: en los cartelitos en donde se describe la historia y detalles de cada habitación, agregar “Hasta que llegó la revolución y los colgaron a todos”. No importa que no haya habido ninguna revolución, no pueden negarme que mejora un montón:
- La escalera de honor conduce a la planta principal en la que se encuentran los salones que se dedicaban a las reuniones sociales. Hasta que llegó la revolución y los colgaron a todos.
- Este salón es el más amplio de la residencia, el único con doble altura y el eje alrededor del cual se desarrollan todas las actividades de la casa. Hasta que llegó la revolución y los colgaron a todos.
- Aquí Don Matías Errázuriz Ortúzar disfrutaba sus momentos de solitaria meditación, rodeado por las pinturas del siglo XIX, las lacas japonesas y las piedras duras chinas. Hasta que llegó la revolución y los colgaron a todos.
- Don Matías Errázuriz y Doña Josefina de Alvear organizaban frecuentes comidas y reuniones sociales para las que planificaron un entorno suntuoso. Las escenas de caza, las consolas de mármol Rose de France con porcelanas chinas y el biombo de Coromandel daban espléndido marco a las fiestas. Hasta que llegó la revolución y los colgaron a todos.
La segunda mejora: existe una escalera exquisitamente decorada, cerrada al público, que conduce a un nivel inferior. Es el lugar ideal para instalar un cadalso y colgar lo que quede de Don Matías Errázuriz Ortúzar y Doña Josefina de Alvear. O un par de muñecos vestidos de época, en el probable caso de que los cuerpos estén muy deteriorados.
En el peor de los casos, atendiendo a las restricciones presupuestarias que sufre la Cultura en nuestro país, podrían emplearse un par de esqueletos de cotillón. Tal vez hasta se pueda conseguir un descuento por cantidad y aprovechar para armar un diorama con toda la familia, esa manga de oligarcas.
Ahora que lo pienso, quizás ni siquiera haga falta inaugurar el sótano. Resulta que un afiche en la entrada del museo nos advierte sobre el tráfico de bienes culturales, un tema realmente preocupante. Sin ir más lejos, en el museo podemos quedarnos bizcos ante la fastuosa cantidad de esculturas chinas de la dinastía Ming, miniaturas europeas del siglo XIV y cosas por el estilo de las que se componía la colección privada de Don Matías y Doña Josefina.
Supongo que devolviendo todas esas antigüedades a sus países de origen, se ganaría suficiente espacio como para instalar no sólo el cadalso familiar, sino también una serie de picas en las cuales empalar representaciones de toda la oligarquía argentina de principios del siglo XX. Oligarquía que, como Don Matías y Doña Josefina, debía su fortuna a “las exportaciones agroganaderas” y, en última instancia, a ese gigantesco negocio inmobiliario de finales del siglo XIX, llamado “Conquista del Desierto“.
Un “desierto” curiosamente lleno de gente, que tras lluvias de balas y bayonetas pasó a cumplir el papel de abono.
Claro que si vamos a devolverle a los chinos sus esculturas, también tendríamos que devolverle a los mapuches las tierras arrebatadas por los Roca y explotadas por los Errázuriz Alvear. Algo que solamente va a suceder si realmente llega la revolución, y los cuelgan a todos…
Santiago Bustelo
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Una pregunta… las “piedras duras chinas”, las compraban para que hicieran juego con la contextura de sus caras?
Yo, lo más cerca que estuve de tener una “piedra dura china”, fue haberme comprado una de ésas para limarse los callos plantales.
Santiago, veo que estas muy radicalizado ultimamente, no hace falta para nada que venga la revolución y los cuelguen a todos ( a decir verdad, más me la imagino, a la revolución, fusilandolos o si es que esta es de fuerte raigambre nacional o tiene escases de municiones, pasandolos a degueyo), alcanza con la misma solución que habilmente propones para la instalación del cadalso, devolver todo a su lugar de origen, con eso ya no necesitamos revolución alguna para devolver la tierra a los pueblos originarios (suena mucho más progre que indios) ellos solo tendrían que ocupar las tierras que quedarían deshabitadas.
Ahora que lo planteo me pregunto ¿Que porcentaje mio ira a Italia y que porcentaje a España? Creo que deberé hacer el cálculo…
Y bueno, son los cambios de paradigmas de los así llamados bienes culturales según los tiempos, las sociedades y los vaivenes de la oferta y la demanda (sin olvidar los nunca bien ponderados discursos progres y/o demagogos de turno)