Igor, de Quilmes
February 27th, 2007A la mañana siguiente de compartir unas Stella Artois con amigos, me levanto con un dolor de cabeza propio de haber sufrido una trepanación, o ingerido un cóctel de conservantes permitidos. O mejor dicho, aún no prohibidos por la Convención de Ginebra.
En el reverso de la Stella Artois, me entero de que la produce Cervecería y Maltería Quilmes S.A. La misma que produce la cerveza Quilmes, que hace años dejé de consumir por encontrarla culpable de resacas criminales. Y por no poder asegurar el mismo gusto en dos latas de la misma marca adquiridas el mismo día. Lo cual la rebaja de “Cervecería y Maltería”, a una mera embotelladora. Ya no de cerveza, sino de cualquier líquido amarillo que puedan recubrir de vidrio o aluminio.
A la semana siguiente, decido llevar a cabo un experimento científico. Me junto con los mismos amigos, hablamos de las mismas pelotudeces, ingerimos la misma cantidad de cerveza. Pero, en esta ocasión, de otra marca: Heineken. La marca que hace algún tiempo producía Cervecería y Maltería Quilmes, cada vez peor, hasta el día en que se fundió con Brahma.
Al día siguiente del experimento, me despierto con la sensación de encontrarme en mi propia cama, y no en el post operatorio de un hospital que ofrecía descuentos a quienes prescindieran de la anestesia. Efectivamente, el problema era la cerveza. O lo que sea que haya venido en esas botellas.
¿Por qué Quilmes embotella semejantes bazofias?
Una posibilidad es que les dé lo mismo: la gente confía tanto en las marcas que representan, que compra las botellas que las presenten sin considerar la posibilidad de evaluar su contenido.
Otra posibilidad -en realidad, una justificación de la anterior-, es que Quilmes sea víctima de su propio éxito. Superados por la demanda, están obligados a acelerar la producción de alguna manera. Por ejemplo, agregando químicos. Es sabido que las bodegas que perpetran vino en cajita, por ejemplo, le agregan ácido sulfúrico para que reaccionen los taninos y den color de vino maduro a lo que aún le faltan meses de estacionamiento. Desconozco los agregados que se estilan para la cerveza, pero a juzgar por sus efectos, creo que a Saddam lo ahorcaron por mucho menos.
La otra posibilidad es que, a pesar de haber cambiado de dueños y accionistas, Quilmes no haya logrado deshacerse de Igor. Este personaje transcurriría sus días encerrado en un cuarto secreto de la planta, al que habría convertido en laboratorio. Y cada tanto y sin que nadie lo vea, se acercaría a los piletones de fermentación, para volcar los humeantes y malolientes productos de sus experimentos. Su plan sería salir a dominar el mundo mientras éste, inutilizado por la resaca, se ahoga en su propio vómito.
Santiago Bustelo
http://www.bustelo.com.ar
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Mmmh… Primero me reí, pero ahora que lo pienso… no sé si es para reírse…
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… sigo pensando…
Enrique Symms se ha referido a la cerveza Quilmes como “ese apestoso pis de gato”. De todos modos no está mal hacer la “prueba de la resaca” vs. la “prueba del sabor” (que Quilmes también pierde frente a casi todas sus competidoras). Pero más llamativo aún es el marketing de este “pis de gato”. Han logrado instalar a la marca como un sinónimo de argentinidad más allá de sus desventajas. Apréciese que las clases poco pudientes son capaces de tomar “Pindonga Cola” y no Coca Cola si es que quieren beber gaseosa. Pero si van a beber cerveza, sí o sí comprarán la mentada Quilmes. Curioso… Y más curioso aún: dicen que hace muuuuuuchos años, antes de la mega-producción-recontraindustrial-vendo-todo-y-nada-me-importa la cerveza Quilmes era rica.
Si, yo creo en todo esto, y estoy seguro de que qlos conservantes y demás porquerías nos envenenan de a podo. Por eso yo tomo cerveza tirada.
Pero… para asegurar que uno ha seguido el metodo cientifico habría que hacer nuevamente la prueba invirtiendo el orden de las marcas. Porque ¿quien asegura que el hecho de que no tuvieras una segunda resaca no es tambien producto de la Quilmes, que te dejó el hígado y otras partes vitales insensibilizadas?
La cosa quedaría totalmente demostrada si primero te emborrachas con Heineken, y a continuación con Quilmes repitiendose los resultados de la primera experiencia.
He dicho.
Quiero destacar ademas que esta es mi primera participacion en un blog de cualquier especie. Salud!
Además de la terrible resaca, yo he experimentado cierta flojedad estomacal al tomar tanto la Quilmes como la Stella Artois, teniendo que calmarla con la ingesta de algún alimento (sandwich, un par de porciones de pizza, etc.).
Primero pensé que era que me había desacostumbrado a tomar cerveza, pero cuando tomo Heineken o Isenbeck no me pasa.
Bueno, a mí la Quilmes hace que se me cierren los pulmones. El mismo efecto que me provoca el champán berreta.
No puedo evitar reirme a carcajadas con todos estos comentarios tuyos… Después de esto, tengo que decir “Gracias a Dios no me gusta la cerveza!!”
Gente, estoy por recibirme de Lic. en Económía, para lo cual tengo que hacer una tesis. Elegí el tema de la fusión de Quilmes con Brahma, el cambio tecnológico en el sector cervecero y sobre todo el cambio en la composición de la cerveza. Tengo alguna data, pero me vendría muy bien si alguno de uds. puede aportar algo.
Gracias y muy buena la pagina!! Aguante SYMS!!!
Como oriundo de Quilmes, no puedo más que felicitarte por la nota.
Durante años defendí y estuve orgulloso de Quilmes. Pero después de haber corroborado la inclusión de químicos y otras yerbas, la mandé a la parte de atrás.
Fijate que hasta la Quilmes Bock, otrora orgullo de las negras, tiene … “colorante caramelo”!! Un fiasco total.
Reinvindico a muerte a las premium, de las cuales acá tenemos solamente las marcas Wasteiner (alemana), Isembeck (misma fábrica) y la nunca tan bien ponderada Schenider, que la hace CCU, de los chilenos, en la vieja cervecería Santa Fe y su planta desde siempre en Salta, que también fabrica Heineken (alemana), y Budwaiser (yanki, con paticipación minoritaria en la empresa).
Isembeck y Schneider negras, mis preferidas. No provocan dolor de cabeZa.
No se si han notado, el olor a curda que despide una quilmes al destaparla, por eso mismo, con un amigo, ambos consumidores de cerveza, la bautizamos como Quilmes Qurdal.
Lamentablemente, la Stella Artois, no es la misma que cuando desembarco en la Argentina; Quilmes no puede con su genio y debe curdalizar todo lo que cae en sus manos, por algo perdio al licencia de Heineken, por esta razon a la Stella Artois la denominamos “Stella Artois Ultra Curdalizada.
Por esta razon sigo con Heineken y Warsteiner, y cuando da una Guinness en lata, no en porron, ya que no es la misma que la enlatada. me despido.
Erico. .
Esta discusión es medio vieja y quizás debería haberlo dicho antes, pero ahora volví a leerla y ante tanta gente que toma Isenbeck me siento en la obligación de contarles que tuve la oportunidad de ver un cepillo de dientes adentro de una botella de Isenbeck sin abrir. No se como será la cerveza, pero los controles de calidad dejan bastante que desear.
El cepillo aparentaba no ser nuevo… o sea, parecía usado. Y bastante!!!
Quilmes…. uff… yo tengo una teoria se me permiten aportar:
Cuando la empezamos a tomar (cuando cualquiera que promedie los 27 años como yo) la Quilmes era lejos una de las mejores cervezas que habia en el mercado. De ese dia hasta hoy creo que en algun momento cambiaron los dueños y algo mas cambio,
Para empezar imagino lo dificil que debe ser mantener a un precio accesible una cerveza que toma todo el mundo (la quilmes en argentina es como la arepa en venezula, la merca en colombia y asi..) asi que la respuesta es sencilla.
Si quilmes antes tenia una calidad de 10 (numero imaginario) a un precio de 1,5 pesos argentinos (algun dia los valio) y de repente lo costos los empezaron a matar lo que hicieron en realidad es bajar la calidad a 6 y mantener el precio de la cerveza popular. ÿY el tipo que queria calidad 10 sin importar pagar unos pesos mas? Simple para eso aparece la marca Stella, con otra botella un poco mejor presentada para que se justifique el desembolso.
En conclusion: La quilmes de antes es la Stella de ahora.